Cuestión de confianza

Cuestión de confianza

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Si cuando nace un hijo surgen “pediatras” a su alrededor dispuestos a compartir con usted sus magníficos consejos, no importando si quien los da ha tenido o no hijos, o si cuando tiene algún dolor no falta quien le haga un diagnóstico rápido y eficaz incluida la medicación que debe tomar… sepa que ¡está de enhorabuena! Si lo que usted necesita es un abogado, ya puede respirar tranquilo: no hace falta que acuda a ningún despacho en busca de asesoramiento ¿para qué si va a recibir toda la información “veraz”  y de manera gratuita? Cuestión de confianza.

Créame, haga la prueba y diga en público que se va a divorciar…

¿Ya?

Habrá comprobado cómo han quedado resueltas todas sus dudas y hasta con un poco de suerte la consulta  ha incluido terapia psicológica. Ya le digo yo que todo el mundo sabe cómo va un proceso aunque no haya pisado un juzgado. En serio.

Así nos encontramos con las famosas “leyendas urbanas” y junto con la idea de que  las alcantarillas de Nueva York están llenas de cocodrilos también escuchará que, por ejemplo, en casos de  custodia compartida NO hay pensión de alimentos para los hijos, NO se puede vivir en localidades diferentes, NO pueden dormir los hijos siempre en el mismo domicilio (sea el de la madre o el del padre) y así hasta el infinito.

Y por supuesto, ni qué decir en cuanto  a cómo se va a desarrollar un proceso en un juzgado. No se moleste en preguntar a ningún abogado. El fin de semana se descarga una película “de abogados”, americana por supuesto, y ya lo tiene todo controlado. Que por alguna vuelta de la vida usted acaba declarando delante del juez y el abogado contrario sólo le permite responder con un “si” o un “no”, que el juicio es más corto de lo que esperaba y nadie le ha dejado “explicar la verdad”, no se preocupe,¡ probablemente ni el juez ni el abogado hayan visto ni un capítulo de Boston Legal! (menudo crimen, por cierto).

CUESTION DE CONFIANZA
Y ya le digo que la frase “la realidad supera muchas veces la ficción” es en estos casos donde cobra más sentido. A veces hasta algún cliente me ha discutido cómo va a ser el proceso, casi hasta me ha dictado cómo redactar una “demanda” porque esta es otra. Los abogados solo redactamos demandas, y no. Siento decepcionar pero no: también mandamos escritos a un juzgado de apenas unas pocas líneas, actos de conciliación, pactos de convivencia o redactamos recursos engorrosos que por mucho que usted se empeñe en entender no se los podemos traducir aunque sí explicar  a grosso modo, por supuesto. Entiendo que el cliente tiene el derecho a saber y entender lo que se está haciendo pero para que ello suceda será necesario el ingrediente fundamental, LA CONFIANZA porque habrá cosas que se hacen porque “es así”, se harán de una determinada manera “porque sí”. En realidad ese “porque sí” se debe a que existen una normas procesales que no nos podemos saltar, unos plazos que no se pueden cambiar, o una forma de dirigirse al juzgado que es la que tenemos y no podemos modificar, aunque nos gustaría, créame.

Si usted no confía en su abogado y le da más valor al consejo de su vecino, entonces no pierda ni tiempo ni dinero.

Mire, su caso no tiene nada que ver con el de su compañero de trabajo, vecino o conocido y si se trata de cuestiones de familia, menos aún porque cada familia funciona de una manera absolutamente diferente a la otra, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad,  y cuando las cosas dejan de funcionar y “enferman” ninguna familia reacciona exactamente igual, ni todos los síntomas se manifiestan de la misma manera. Por eso no podemos aplicar la misma estrategia a todos los casos aunque sí tengamos que movernos dentro del mismo marco legal. No podemos hacer un copia y pega sin más, aunque utilicemos los mismos modelos y formularios.

Y hay veces que por mucho que hayamos trabajado por obtener lo que nuestro cliente desea el resultado no es exactamente el que esperábamos porque hay una serie de factores que ya no están en nuestras manos, el juez y el fiscal también tienen sus propios criterios y éstos, nos guste o no influyen en las decisiones que se toman.

Entiendo que llevar su caso a un juzgado sea para usted algo así como saltar al vacío sin paracaídas, son muchas las dudas que le asaltarán. La incertidumbre y el miedo a lo desconocido serán por algo por lo que tenga que pasar, es cierto, pero hacerlo de la mano de un experto puede hacerle el trago menos duro. Y ya sabe que tiene dónde elegir, usted decide con quién.

Cuestión de confianza…

Maria Luz Villarroya

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