Nos quisimos mal, divorciémonos bien

Nos quisimos mal, divorciémonos bien

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Albert Einstein: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas.”

 

No sé si ya hemos llegado al nivel de idiotas, como decía Einstein, pero lo que es cierto es que aunque somos la generación más formada, capaz de manejar mil y una aplicación diaria, de descubrir nuevos planetas o soluciones a enfermedades hasta ahora mortales… a pesar de ser la generación que más test online hace para averiguar cosas tan “apasionantes” como saber quién es “tu alma gemela”, “qué refrán define tu vida” o “qué personaje fuiste en tu vida pasada” somos, sin embargo, una generación analfabeta emocionalmente.

No estamos preparados para muchas de las cosas más importantes de nuestras  vidas.

De entre toda la formación que existe a nuestro alcance no hay ninguna que nos prepare para ser padres a pesar de la responsabilidad que supone formar como persona a otro ser humano, o para vivir en pareja siendo como es, una de las experiencias que más marcará nuestra existencia.

Tampoco nos preparan para la ruptura…

Y no será por falta de literatura: existen decálogos para “un buen divorcio” (como si existiera la esperanza de que alguno fuera bueno) los hemos publicado nosotros mismos, los vemos en sentencias, en internet y hasta colgados en las paredes de la consulta del pediatra. Existen pautas al alcance de cualquiera y, a pesar de comprobar que están escritos muy bien, en un lenguaje claro y en un castellano perfectamente “entendible”, digo yo que para estos temas debemos ser analfabetos. ANALFABETOS EMOCIONALES.

He visto en primera persona cómo una ruptura de pareja sí conlleva una ruptura de la familia a pesar de que mi mantra sea una frase de Folberg: “el divorcio no pone fin a la familia, lo que hace es reorganizarla”.

Me pregunto cómo es posible ser tan listos para manejarnos con maquinitas y tan inútiles para tratarnos como personas.

Además, no me gusta la expresión “buen divorcio”. Que le pregunten a todos esos hijos que se encuentran en el centro de una ruptura y que “son lo primero” para sus padres. Mentira. No se puede entender que sean lo primero cuando no se duda en utilizarlos en contra del otro progenitor como arma de destrucción masiva, moneda de cambio, chantaje o medio para presionar al otro. ¿Alguien se ha parado a pensar cómo se siente un niño acostumbrado a vivir con su padre y su madre y al que de repente se le impone una situación que no ha decidido y que además le afecta di-rec-ta-men-te?.

Yo digo que los niños son terroristas emocionales porque se acostumbran a todo, son capaces de adaptarse a una nueva forma de vida mucho antes que esos mayores que paradójicamente provocaron la situación y que a  pesar de tener sus años, se permiten el “lujo” de tener pataletas, rabietas y salidas de tono que no se les permitiría a ellos.

Me importan los niños porque lo he vivido en primera persona y lo he hecho vivir en primera persona a mis hijos. Porque son la parte más débil y a la que menos se protege, porque ver cómo se les trata en un proceso de divorcio teniendo hijos me sigue resultando duro: peor que ganado o mercancía a granel. Con ellos se hacen verdaderas barbaridades y ellos… bueno, pues ellos aprenden a sobrevivir. No les queda otra, dependen de los “adultos” que son capaces de perder el tiempo y toda su energía en ver “cómo-le-jodo-la-vida-al-otro” y no en ocuparse de su bienestar, como si no tuvieran derecho a sufrir ni a padecer.

Y sí, hasta para romper hay que hacerlo bien o por lo menos hay que tomar conciencia de lo que se está haciendo. Lo siento, pero las rupturas producen efectos colaterales y hay que tener un poco de sentido común para preverlos.

Después de ver tantas rupturas y de tantos “colores” dar consejos me parece realmente arriesgado porque si existe un sentimiento menos empático es el de una separación o un divorcio. Es muy difícil que alguien se ponga en tu lugar porque no se enamoró perdidamente de él o de ella, porque nunca llegará a saber lo que significasteis el uno para el otro o lo que realmente pasaba cuando se cerraba la puerta de casa. No se puede comparar ningún entramado sentimental con otro, las circunstancias de cada familia con otra, porque cada pareja es un mundo y es eso lo que se rompe, EL MUNDO DE CADA UNO.  La vida que hasta ese momento se conocía y en la que uno se manejaba  aunque no le gustara, deja de existir. Crear una nueva vida es duro y ahí no hay empatía posible porque cada uno reacciona de manera única, siente de manera propia incluso odia por razones diferentes.

Cuando un cliente acude a nuestro despacho no solamente busca asesoramiento jurídico: como abogados tenemos que saber leer entre líneas, hacer encaje de bolillos para buscar la mejor estrategia para su caso, o hacerles conscientes de su nueva realidad. Es increíble la cantidad de asuntos no jurídicos que se vomitan en una primera cita. No hay artículos en el Código Civil o el Penal que remedien el mal de amores.

Así que no se trata de dar consejos, más bien de hacer reflexionar sobre algunos aspectos que, aunque parezcan obvios, no son tenidos en cuenta la mayoría de las veces y que no por no estar regulados en las leyes dejan de ser importantes.

Sin ánimo de ser exhaustiva ni crear “dogmas de fe” considero que son aspectos a tener en cuenta en una ruptura. Y si sirven de algo, enhorabuena; si no, contribuyo a toda esa “literatura fácil” que se sumará a las que ya existen.

1.- FUERA PRISAS. A no ser que la vida de alguien corra peligro, calma. Primero hay que asesorarse bien. Buscar un buen abogado especialista que resuelva todas las dudas es fundamental. Antes de empezar a hablar del régimen de visitas veamos cómo se pagan las facturas de casa, colegios, libros…cómo se van a repartir los bienes y ¡hasta la hipoteca!. Saber lo que se va a pagar y lo que se va a recibir es importante. Y si, muchas veces se vive en la misma casa hasta que se hace efectivo el divorcio. Ante eso pregúntate ¿cuánto tiempo llevabas “durmiendo con el enemigo” y no pasaba nada?, insisto, siempre que no haya peligro de muerte…respiremos hondo, habrá que hacerlo a menudo.

2.- SE DIVORCIAN DOS. Y aquí eso de “tres son multitud” también vale. Si dos personas eligieron vivir juntas son ellas las que tienen que ser capaces de gestionar su ruptura. Y si lo que nos va son los “tríos” que por lo menos el tercero sea un abogado, o dos, pero asegúrate que sepa de lo que habla, está en juego la forma de relacionarse una familia y de ella no te vas a deshacer nunca. Una vez estén las cosas lo más perfiladas posible, entonces da la noticia. La familia cercana nos quiere mucho, si, pero no olvides que ellos no vivían en tu casa y que sus soluciones no tienen porqué ser las que tu vida necesita. Es difícil que sean imparciales. Estamos cansados de ver en el despacho cómo los que se divorcian son los padres, tíos o hermanos de la pareja…

3.- PACTAR CON FLEXIBILIDAD. No pasa nada por hacer cambios en los pactos. A ver, no se trata de armar empanadas mentales… pero ante todo la sensatez. Si hay un régimen de visitas pactado hay que cumplirlo.  No se asalta la casa que fue común sin avisar, ¿qué tal llamar al timbre antes de subir o hacer una llamada?. Si no se puede recoger a un hijo por una reunión de trabajo, se avisa con tiempo, y eso significa hacerlo lo antes posible, no cuando el niño lleve una hora esperando en el colegio y estén llamando al 112.

4.- ABUELOS, PARIENTES Y ALLEGADOS. Que la pareja se rompa no significa que a los abuelos-tíos-primos de la parte “contraria” se los haya tragado un agujero negro. No quiero decir que haya que ir a visitarlos si antes no se hacía, pero sí permitir que tengan una relación lo más parecida a la que mantenían. Y no nos volvamos locos, si durante el matrimonio o la vida en común no se soportaba a los suegros y cuñados y ahora no llaman…lógico. Si nuestra madre o padre no pueden hablar con sus nietos cuando están con él o ella… ya  les verán cuando estén en tu compañía, seguro que tras la ruptura pasan más tiempo con ellos y los afectos no se pierden por una llamada o dos de menos. Sepamos seleccionar las batallas, hay muchas, créeme.

5.- A TUS HIJOS NO LES IMPORTAN TUS CONQUISTAS. De verdad, para ellos somos seres asexuados que no necesitamos relacionarnos con nadie más. No conviertas tu casa en un desfile. No es necesario. Como antes, calma. “No hay que” conocer al nuevo (o no tan nuevo a veces) novio de mamá o novia de papá. Ya tienen bastante con asimilar la nueva situación, déjales adaptarse y disfruta de tus  aventuras cuando no estés con ellos, los encuentros así también tienen “su punto”.

6.- PAGAR A TIEMPO. No hay excusas, se pagan los alimentos cuando se ha pactado, en los días que se han dicho. ¡Pero si hasta se puede hacer por internet desde el móvil en cualquier momento! ¡incluso en el baño por las mañanas!. Y si DE VERDAD NO SE PUEDE, se dice, se explica, se solicita modificación de medidas pero con las cosas del comer no se juega, saldrá más caro.

7.- EL TÍTULO DE PADRE O MADRE ES VITALICIO. Somos padres para toda nuestra vida y el bienestar emocional de nuestros hijos es nuestra RESPONSABILIDAD, pongamos este razonamiento por encima de los calentones que el otro pueda provocarnos. Difícil facilitar una llamada cuando aún no ha pagado, o no ha querido cambiar un día…lo sé… pero nuestros hijos ya tendrán sus parejas en un futuro para tener ese tipo de preocupaciones, ahora les toca vivir como niños no como adultos. Además absorben todo, absolutamente todo así que por su bien trágate los comentarios negativos hacia su padre o madre, para ellos son “lo más” y además no lo van a entender.

8.- LAS COSAS CAMBIAN. Y el primero que debería asimilarlo eres tú. Así que ni trates de “sorprender” a tu ex que ha decidido poner punto final a vuestra historia apareciendo por sorpresa o enviándole un ramo de flores, ni trates actuar “como si no pasara nada” y empieces a salir a cenar o a comer todos en familia: eso confunde a tu ex y a tus hijos. Para ser un buen ex primero hay que ROMPER Y DEJAR PASAR TIEMPO. No somos tan “hippies” como pensamos y esas actitudes pasan factura. Y si no sabes cómo hacerlo, busca ayuda. Dormirás mejor.

9.- PASA PÁGINA. Divorcio nuevo, vida nueva. Para la salud y para la enfermedad vas a tener ex, así que aprende a manejarlo. Conquista tu nueva vida sin volverte loco, si hay que llorar se llora, si estás enfadado saca la rabia y cuanto antes, mejor.

10.- QUE POR LO PEOR QUE TENGAS QUE PASAR EN ESTA VIDA SEA POR UN DIVORCIO. De verdad. Es cierto que tras una ruptura la vida no es igual, que a veces resulta muy duro pero “todo pasa”.

Permítete disfrutar de otras actividades, saborea la soledad, haz cosas que antes no podías, descubre otras facetas tuyas y sobre todo, ten paciencia contigo mismo, se flexible…

Hay divorcios que abren la puerta a vidas mejores, solo hay que arriesgarse a conocerlas.

 

 

 

 

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