Silencios que curan

Silencios que curan

3 comentarios

Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo.Ludwig Van Bethoven

Soy habladora, me cuesta estar callada y durante mucho tiempo pensaba que los silencios debían rellenarse con palabras. Sin embargo, con el paso de los años he descubierto la necesidad del silencio, que no siempre las mejores respuestas están en lo que decimos y que en ocasiones estar callado es la mejor opción.

Nos hemos convertido en yonkis de los estímulos, nos zambullimos en las redes sociales ávidos de noticias y sensaciones nuevas, porque hasta la piel se desvanece en estos tiempos de realidades virtuales donde las palabras escritas de un chat hacen más ruido que las que salen de nuestra boca llenando vacíos y carencias reales.

Ilusos, confundimos ese sonido con lo que deseamos encontrar en nuestra realidad , una realidad a veces hueca, vacía a pesar de estar saturada de palabras…

Somos adictos al subidón de adrenalina, a las conquistas rápidas y las victorias fáciles. Enganchados a los “me gusta” de las redes apenas dedicamos tiempo a quien nos puso un me gusta enganchado a nuestra piel con un beso, una caricia o un “me importas”…

Hastiados de tanta inmediatez la realidad se arrastra con la pesadez de la bola atada al tobillo de un preso.

Silencio

Durante meses no he podido escribir ni una sola línea en este blog, tenía demasiado ruido interior y exterior, tantas dudas como contradicciones sobre algo que pensaba que sería una salida profesional, la mediación. No he rebajado mucho el volumen, sigue habiendo ruido pero ¡es lo que suele suceder a los que tenemos la mente inquieta!. Ahora entiendo que la mediación no es esa salida profesional que esperaba. Ya lo decían algunos de mis profesores, “es una actividad profesional, de esto no se vive”. Puede resultar ser una salida pero más bien personal, en mi caso lo fue. Y no llegará a ser una verdadera profesión si se siguen cayendo en los mismos errores una y otra vez: gratuidad de las mediaciones, proyectos pilotos voluntarios no remunerados, falta de profesionalidad, formación exprés, no obligatoriedad y sobre todo, nada cambiará si no nos quitamos las orejeras de burro y entendemos que la mediación no sólo existe en los juzgados sino en los despachos, algo que afortunadamente muchos ya entienden y practican. La mediación como paso previo a un juicio. Pero este es un tema para otro post un poco más ruidoso.

Así que nunca podré renegar de algo que, si bien no ha resultado ser lo que esperaba sí me ha aportado muchas satisfacciones personales.

Ahora, de broma, digo que me he pasado “al lado oscuro de la mediación”. Desde el ejercicio del Derecho he rellenado ese silencio profesional que tanto me ahogaba. Y como pasional que soy, lo disfruto. Disfruto mucho. A mi manera por supuesto, porque a estas alturas de la vida digo yo que ya es difícil quitarnos nuestras malas costumbres aunque tengamos la ventaja de aceptarnos un poco más. Que lo acepten los demás, eso ya es otro cantar.

En cualquier caso estoy encantada, y ahora me saldría algo muy cursi que suele hacerse cuando se escribe un libro que es dedicarle a alguien unas líneas en la contraportada por haber confiado en mí, por haber tenido la inmensa paciencia de dejarme aparecer como un elefante en una chatarrería rompiendo el ritmo de su despacho (he dicho que soy habladora ¿verdad?, pues en momentos de nerviosismo puedo resultar agotadora) porque no sólo sigo aprendiendo profesionalmente sino también personalmente y eso…es un regalo.

Me gustaría pensar que Derecho y Mediación tienen una relación seria, formal y consolidada, pero mucho me temo que se tratará más bien de una relación más parecida a la de los amantes pasajeros quedando relegada a encuentros ocasionales, seguramente satisfactorios pero contados y puntuales.

En cualquier caso, vuelvo a mi silencio…con la mediación.

No sé si subiré el volumen, de momento estoy encantada con mi nueva faceta, y en ella hay mucho ruido.

Hasta la próxima.

3 comentarios en “Silencios que curan

  1. 9 Septiembre, 2016 at 10:16 am

    Vaya que sorpresaaaaaaa y que alegría. Otra vez el Blog más bonito de la mediación abierto ¡¡ Cuanto me alegro. Enhorabuena !!

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  2. 10 Septiembre, 2016 at 9:15 pm

    María Luz te leí…y me leía. Abogadas…mediadoras….Derecho de familia…verborragia y pasión coincidencias? Mucho más. En breve te escribo. Saludo a tu alma…por su eterna continúa e incansable búsqueda. Siempre aprendiendo siempre compartiendo.

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  3. 11 Octubre, 2016 at 11:06 am

    La mediación exige reflexión, replanteamientos, dudas, conciencia de la necesidad de aprender. Como le escuché decir a Antonio Tula, sin transformación personal no hay mediador. Sólo desde la humildad y la apertura que todo ello exige se puede ser un buen mediador, capaz de dar un servicio útil y de calidad. Por lo que leo, escucho y veo, creo que entre todos los miles de personas que pretenden ser mediadoras sólo unos pocos creo que pueden llegar a serlo. Yb tú eres una de esas personas. Es verdad que lo difícil es distinguirlas. Tiempo al tiempo.

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